La Pastoral

¿Qué es?

La cultura secular de los últimos siglos ha creado el modelo de la universidad estatal y laica. En este campo universitario se ha hecho más difícil el diálogo entre la fe y la cultura, pero no imposible, porque en él se encuentran los cristianos también, profesores y alumnos, junto a los que no lo son. Por otra parte, en circunstancias poco favorables, se van abriendo camino, aunque con dificultad, las universidades privadas y las “católicas”.

La pastoral universitaria no ha de ser exclusiva de estas últimas, sino que, por ser más amplio el campo de las primeras y más patente la marginación de la fe cristiana y hasta la ruptura entre el diálogo que ésta ha de mantener por parte de los cristianos con la cultura, hace más necesario el servicio de la pastoral universitaria bien entendida.

NACIDA EN EL CORAZÓN DE LA IGLESIA

Con este título se promulgó el 15 de agosto de 1990 la constitución Apostólica sobre las Universidades católicas (Ex corde Ecclesiae) de S.S. Juan Pablo II. La universidad como institución, en su mismo origen histórico, es una de las expresiones más significativas de la creatividad de la Iglesia en su preocupación por las distintas necesidades de los hombres.

En el siglo XIII la inventiva cristiana generó las universidades; en siglos posteriores fue también cuna de sindicatos, de los colegios, de centros asistenciales, etc. La Universidad en su origen fue una forma específica de lo que s e llama la charitas concreta, es decir, una forma de amor cristiano que abarca como destinatario al hombre en toda su integridad y genera los modos necesarios para servirlo adecuadamente.

La secularización de la modernidad trajo a partir del siglo XVIII un alejamiento institucional entre la Universidad y la Iglesia. Este fenómeno histórico tiene un significado ambivalente: por una parte, un hecho positivo de maduración de la sociedad civil que se hace cargo de las universidades (lamentablemente en muchos casos subordinándola a fines políticos o ideológicos); por otra parte, un hecho negativo de empobrecimiento, por este distanciamiento, tanto para la universidad como para la Iglesia.

La desvinculación universidad-Iglesia es una carencia a solucionar. Para entender mejor esto hay que subrayar que así como el amor a los pobres y a los enfermos es netamente evangélico y, por tanto, estructural para la Iglesia, así la presencia de la Iglesia en la Universidad y en la Cultura no es algo ajeno ni aleatorio u opcional para ella: es exigencia de la Fe, no solo de la Cultura. “Una fe que no se hace cultura es una fe que no es plenamente acogida, enteramente pensada o fielmente vivida” (Ex corde Ecclesiae,1).

LA FE SE HACE CULTURA

El hombre siempre genera una cultura y vive en y de ella, como un conjunto de sentidos, valores, modelos, símbolos y patrones incorporados o subyacentes a la acción y a la vida de un grupo humano determinado. Este conjunto es vivido de modo consciente o inconsciente (en gran parte de esta manera) y transmitido de una generación a otra con los aportes de cada uno.

Por ello, la Palabra de Dios que se revela al hombre siempre lo encuentra en y con una cultura pues la cultura define el modo, estructural y libre a la vez, de ser hombre, en el ejercicio y desarrollo de sus capacidades de modo articulado, con la ad1quisición de competencias, juicios y opciones y la actuación según ellos. El hombre siempre vive en el seno de una cultura, vive de lo que asimila de ella y vive transformando creativamente su cultura.

Podemos distinguir una CULTURA POPULAR, la de la propia familia, el barrio, el ambiente laboral, la del tiempo libre, de los medios de comunicación social, y una CULTURA CIENTÍFICA o SISTEMÁTICA Y FUNDAMENTADA, por ejemplo, jurídica (criterios y praxis de justicia), docente (criterios y praxis de la formación del hombre), médica (criterios y praxis para la salud humana), económica (criterios y praxis relativos a los medios escaso y útiles para la vida humana), teológica (criterios y praxis relativos a la fe y a la moral), etc.

Para cada persona y cada comunidad su cultura es fuente y norma de su forma de vivir y de obrar a través de las concepciones y valores que encierra. Por ello, redimir al hombre es también redimir su cultura: de lo contrario se instala una dualidad tensionante e incoherente que amenaza permanentemente la autenticidad del sujeto y de su fe.

A fin de que la fe no sea un simple contenido nocional o una praxis ceremonial o un imperativo moral, o todos ellos, de un modo inarticulado o desintegrado, sino que penetre y vertebre toda la personalidad desde un profundo y existencial encuentro con Jesucristo, la fe debe hacerse cargo de cada una de las instancias de la cultura humana.

Por ello, le pertenece a la fe tanto el caso de la cultura popular como de la cultura científica. Esta tiene su lugar institucional preeminente en la Universidad pues este es un ámbito específico con requerimientos propios donde se encuentran quiénes tiene la responsabilidad y el poder de la noble tarea de la cultura científica.

El diálogo entre la fe y la ciencia fue definido por san Anselmo (siglo X, en el marco de la naciente escolástica medieval, antecesora de las universidades) con la fórmula Fides quaerens intellectum (la fe que interroga a al ciencia).

Esto significa dos momentos de un mismo itinerario integrador: por una parte el DON VERTICAL (sobrenatural, divino) que es la Revelación, como contenido del acto de fe, desafía a la inteligencia humana a que integre ese contenido de modo coherente, y según sus regla lógicas, al patrimonio de sus verdades. Por otra parte, ese esfuerzo integrador acicatea a la inteligencia a que ponga al descubierto los problemas propios que ella encuentra en su investigación de la verdad y remiten al ámbito donde se instala el contenido de la fe.

De esta manera la fe no solo se hace cargo reflexivamente de las cuestiones que la inteligencia encuentra y la exceden sino que ella misma es incitadora de creación, de cultura también a  nivel científico.

Por ello, es propio de la fe el diálogo que suscita y atiende las preguntas del hombre; la respuesta es el don que es Jesucristo, pero para que él sea respuesta a un hombre o a una comunidad determinada es necesario que se encuentre (dialogue) con sus preguntas. Esta mediación es el apostolado, también y prototípicamente, en la Universidad.

EL TRABAJO EN LA PASTORAL UNIVERSITARIA

Como sabemos, el término apóstol significa enviado, es decir, el creyente que por su unión personal con Jesucristo participa de su amor y actividad redentora; por ello, actúa la mediación de otros hombres como él para que tengan la misma unión personal con Jesucristo. Porque el apostolado implica la cercanía inmediata de la semejanza, en cada ambiente los naturales apóstoles o misioneros son los cristianos que a él pertenecen: los apóstoles en la universidad son los propios universitarios.

El apóstol o misionero universitario se configura por un desarrollo de su personalidad cristiana que subraya los siguientes elementos:

A.- La novedad definitiva y exclusiva de Jesucristo.

B.- La integridad de vida, como coherencia entre las instancias de la Verdad y del Amor, en la comunión personal y eclesial con Cristo, en un permanente proceso de conversión y liberación de los ídolos.

C.- La universalidad dinámica, como dinamismo misionero-apostólico que prolonga las instancias anteriores desde el propio corazón reconciliado al corazón del hermano (construyendo la paz en la verdad) y al tejido comunitario (construyendo a todos los niveles los cielos nuevos y la tierra nueva).

Para el cristiano universitario su propia universidad es el lugar privilegiado para este dinamismo misionero.

AGENTES DE PASTORAL UNIVERSITARIA

Antes de entrar en definir quiénes son dichos agentes veamos cuál es el clima de la cultura dominante en relación con la fe:

En primer lugar podríamos decir que se da una PRIVATIZACIÓN DE LO RELIGIOSO. La sociedad se organiza para tener un óptimo bienestar temporal, sirviéndose de la ciencia y de la técnica. Como resultado de esta primacía excluyente, las creencias se relegan al campo de lo privado.

También se da un FUERTE RELATIVISMO EN LAS CREENCIAS RELIGIOSAS: la verdad está históricamente condicionada. Es vana la pretensión de la validez teórica y universal de la verdad y los valores morales. La filosofía, la ética, la religión no entran en relación directa y verificable con la realidad objetiva, sino con el sujeto que posee esas creencias o concepciones, que varían según épocas, geografías e individuos.

Un tercer aspecto sería el BAJO TESTIMONIO O ESCASA PLAUSIBILIDAD SOCIAL DE LO RELIGIOSO: no se lleva, atmósfera indiferente, agnóstica, desentendida. Entre los mismos católicos, crece al franja que se confiesan tales pero no practican, sobre todo en los jóvenes (Amando de Miguel).

Otro aspecto fundamental es la PERMISIVIDAD Y ANOMIA: No hay referente seguro o suelo firme para fundamentar el orden moral; se han perdido las raíces de la propia identidad, la memoria y la historia, el futuro cuenta poco para una esperanza que no sea temporal. El hombre está más bien acaparado por el deseo de felicidad del momento presente.

Se da también una SOCIALIZACIÓN DE DESEOS Y COMPORTAMIENTOS: Manipulaciones difíciles de descubrir y superar, a no ser desde el lúcido discernimiento y la madurez personal, actitudes que necesitan moralmente la ayuda de otras personas y grupos.

Por último se observa también una PERTENECIA PARCIAL A LA COMUNIDAD ECLESIAL: en creencias, valores morales, prácticas y comportamientos. Prevalecen las opiniones personales, los gustos, la opción parcial (esto sí, aquello no), por el fraccionamiento de la verdad, la sobreabundancia de informaciones y reclamos sucesivos, por la perplejidad y las preferencias arbitrarias, las opiniones inestables, la alergia o desconfianza de todo los institucional, etc.

En esta situación es donde el creyente universitario debe de hacerse presente con la idea de transformar y dialogar.

El documento pontificio PRESENCIA DE LA IGLESIA EN LA UNIVERSIDAD Y EN LA CULTURA UNIVERSITARIA (1994) distingue en la presencia de la Iglesia en las Universidades dos aspectos: subjetivo y objetivo.

El primero trata de las personas, el segundo del saber: aquí estamos tratando del primero. La mediación entre personas solo pueden realizarla personas que estén unidad a ambos términos( cada hombre y Dios, por Jesucristo);: por ello, el apostolado universitario lo realizan quiénes son también universitarios, quienes estudian, enseñan y trabajan en la universidad.

Como en toda vida y acción de la Iglesia, es imprescindible la presencia y acción de sacerdotes (el Capellán o Director espiritual);pero los primero apóstoles son los propios pares: el estudiante para el estudiante, el docente para el docente, el empleado para el otro empleado.

EL SACERDOTE dedicado a la Pastoral Universitaria es el ministro de la Palabra de Dios, de la Eucaristía y de los demás sacramentos y el Padre que construye y conduce la comunión eclesial en la Universidad. Por eso es un sacerdote que vive como universitario, compartiendo los fines académicos y culturales, con todos los miembros, cultiva el diálogo y las relaciones personales y está siempre abierto a olas inquietudes e iniciativas.

Pero la tarea personal es siempre responsabilidad de un EQUIPO, donde los laicos no son solo destinatarios sino también agentes dinámicos: o se trata de que el sacerdote trabaje solamente para los laicos, sino también con los laicos. Este equipo ha de articularse con los centros de estudiantes de la universidad y con la pastoral juvenil y con los otros sectores en la unidad eclesial de la diócesi

También la Proción de Iglesia que es la Universidad necesita de su espacio propio: EL CENTRO DE PASTORAL, con su Iglesia para la oración y la liturgia y con locales para reuniones, charlas, entrevistas personales, etc.

¿CÓMO REALIZAR ESTA PASTORAL EN LA UNIVERSIDAD?

Por sus características propias, el ambiente universitario plantea de pos si situaciones estructurales o epocales y estilos que definen una espiritualidad propia. Ambos tópicos han de tomarse en cuenta para para reflexionar, planificar y actuar.

A.- Situaciones y líneas de acción.

En primer lugar hay que identificar algunas ideologías subyacentes difundidas en los ambientes universitarios, tales como el liberalismo relativista, el positivismo cientificista, la desconexión entre religiosidad popular o militancia personal y local (por ej., parroquia) y la vida universitaria.

En segundo lugar, las situaciones dinámicas y las respuestas adecuadas como líneas de acción que operen evangélicamente, desde esos mismos dinamismos:

La importancia y el cultivo de la fuerza argumentativa de los razonamientos, el espíritu crítico, la multiplicidad de información. Estas formas mentis pueden alimentar el relativismo sin verdades y sin vínculos, pero es también el dinamismo que permite crecer con ellos consolidados por su mediación.

La dispersión de los saberes puede llevar a la barbarie de los especialismos pero también es el punto de partida para que se revela la necesidad antropológica y epistemológica de la integración del saber, para cultivar la sabiduría.

El sentido profesionalista adquirido pro las universidades puede llevar al utilitarismo del saber, pero también es el punto crítico para descubrir la dimensión de la verdad práctica (en sus sentidos ético-económico-político, tecnológico y estético) y su pertenencia plena a la infinitud de la Verdad.

La secularización y el laicismo positivistas, al mostrar su precariedad, pueden reivindicarse enmascaradamente en los fideísmos que encapsulan la religión en sí misma (especialmente en el culto) que se deslizan en el “zapping” de las nuevas voces religiosas sin arraigo ni mediaciones culturales o históricas (especialemte en sectas) o que convergen en el oscurantismo de la magia, el esoterismo y las metafísicas gnósticas. Pero también son el punto de partida para desvelar la armonización en la fe de razón y sentimiento y la mediación de al historia y de la cultura.

El papel de las nuevas realidades epocales, como “signos de los tiempos”. Así, por ejemplo, el movimiento de reivindicación de la mujer y sus nuevos protagonismos son el punto crítico para un discernimiento y un crecimiento evangélico; la globalización es el punto crítico para el desarrollo de la catolicidad, etc.

El reflujo hacia lo privado como característica de fines del siglo XX y comienzos del siglo XXI, después de los movimientos sociales de las décadas anteriores, no sólo da lugar a una nueva valoración de la persona, sino que muestra que el “saber es poder” Y ABRE AL DESARROLLO DE NUEVOS CAMINOS ESPECÍFICOS DE COMPROMISO SOCIAL.

La pobreza de la Iglesia en personas (teólogos y científicos adecuados) y recursos materiales puede ser siempre una dificultad y a veces fuente de desánimo, pero es también una nota estructural de su definición evangélica. Ella reclamará una sabia planificación para el mejor aprovechamiento de lo que se posee, pero al mismo tiempo será siempre un signo e instrumento de la verticalidad absoluta de su misión y de su eficacia, que pertenece al Espíritu Santo.

B.- Estilo y espiritualidad de la Pastoral Universitaria.

Para poder evangelizar a los hombres y a las culturas es necesario evitar dos errores: por una parte, sacralizar una cultura, identificando el evangelio con ella; siempre el mensaje cristiano busca encarnarse históricamente y así desarrolla sus mediaciones, pero siempre las trasciende y relativiza, generando otras nuevas; por otra parte, demonizar una cultura, como si fuese irredimible; vale recordar que siempre que hay un hombre hay un destinatario del evangelio, que siempre que hay hombres hay pecado pero también está la acción del Espíritu Santo y Santificador que es superior a todos los pecados.

La superación de estos errores implica tres pasos (todos necesarios) en el diálogo evangelizador: discernir, liberar y construir. Para ello, la acción evangelizadora de los hombres y de las culturas se desarrolla con un estilo de:

a) escucha atenta de al realidad humana,

b) escucha de la Palabra de Dios con docilidad asimilante,

c) desvelamiento de las mediaciones y construcción de las nuevas, siempre provisorias.

Ante la secularización positivista desplegada desde la modernidad, la Iglesia vio deterioradas y en gran parte, perdidas las mediaciones entre la cultura científica y Universitaria y la Fe. Las referencias religiosas en la cultura popular permanecieron, en cambio, más vivas durante ese proceso. En la actualidad, la cultura popular más integral y la misma profundización del saber científico en sí mismo (en sus niveles antropológico, epistemológico y metafísico) buscan una recuperación de la integralidad).

El movimiento de creación de las Universidades Católicas durante el siglo XX, particularmente en la segunda mitad, significa el desarrollo de mediaciones institucionales como prototipos de esa integralidad nuevamente buscada y siempre en proceso de realización nunca acabada. Sin embargo, ese modelo no es –ni lo puede ser- excluyente de la doble presencia apostólica de la Iglesia (en los modos objetivos del saber y subjetivo de las personas) en todas las universidades.

En este sentido podemos señalar algunos objetivos permanentes para la Pastoral Universitaria:

1.- Hacer de la Universidad como institución un ámbito de encuentro y desafío entre fe y cultura a través de las ideas y de las opciones de vida.

2.- Trabajar con todos los universitarios en su formación integral: humana y cristiana, intelectual y moral, en su vocación personal y en su compromiso social.

3.- Desarrollar un perfil cultural definido por el estudio, la oración y el servicio.

Teniendo en claro que una espiritualidad significa un modo particular de vivir el cristianismo, podemos entender que una espiritualidad es a la  gracia divina como la personalidad a la naturaleza humana. Por ello distinguimos la espiritualidad de distintos grupos cristianos. Así podemos señalar algunas características de la espiritualidad universitaria, como el sello desde donde surgen y a donde desembocan el estudio, la oración y el servicio:

Sentido de la mutua pertenencia, por su linaje histórico, entre Universidad e Iglesia.

Sentido e identidad con la historia de la propia casa y comunidad universitaria.

Magnanimidad en la apertura dinámica a la Verdad (cuestionando y elaborando dialógicamente con humildad la síntesis entre fe y razón)

Sentido del deber y del drama de las opciones de vida (construyendo con honestidad desde el interior la armonía entre libertad y verdad)

Gozo de la autodonación en el compromiso del testimonio y del servicio (elaborando la armonía del crecimiento personal y del servicio en simplicidad y espontaneidad).

Coraje para vivir la vocación personal en fidelidad al ideal y con proyección trascendente horizontal y vertical viviendo de todos los medios salvíficos que se ofrecen en la Iglesia y de todos los medios que el saber y la tecnología humanos han desarrollado.

POR UNA PASTORAL UNIVERSITARIA DE VERDADERA EVANGELIZACIÓN

El plan de Pastoral de la Conferencia episcopal española de trienio 2002-2005 decía que uno de los hechos más graves acontecidos en Europa duran te el último medio siglo ha sido la interrupción de la transmisión de la fe cristiana en amplios sectores de la sociedad. Perdidos, olvidados o desgastados los cauces tradicionales (familia, escuela, sociedad, cultura pública), las nuevas generaciones ya no tienen noticia ni reconocen signos del Dios viviente y verdadero o de la encarnación, muerte y resurrección de Jesucristo por nosotros.

Comprobamos que en proporciones altas no estamos sabiendo transmitir la fe a las jóvenes generaciones. Hay que recomenzar la misión por el principio y por lo más elemental y afrontar una evangelización, con especial atención a la iniciación cristiana,….que retome el Kerigma primitivo.

Respecto a la Universidad este mismo documento añade: ”Las Universidades Católicas y Centros Superiores de Estudios de la Iglesia están llamados a cuidad su identidad católica, en este momento y situación en que la fe no tiene un apoyo sociológico y existe el peligro de ambigüedad y disolución relativista de su entraña. También se precisa desarrollar con nuevo aliento e iniciativas renovadas una pastoral universitaria situada en el marco de la pastoral de la cultura.

Decía el papa Juan Pablo II en la exhortación apostólica Christofideles laici que países enteros, que antes fueron católicos, están ahora sometidos a la dura prueba por el continuo difundirse del indiferentismo, del secularismo y del ateísmo (ChL, 43).

Todo esto comporta un nuevo estilo pastoral de presencia de los cristianos en la Universidad que sugieren las líneas del proyecto marco: Presencia-fermento, no vergonzante y pública, transformadora del medio, presencia eclesial, facilitando la experiencia creyente, relacionando funciones y servicios con las ocmunidades territoriales, contribuyendo a una comunión creciente entre todos los que trabajan en la pastoral universitaria; fomento de asociaciones y movimientos apostólicos, encuentros y grupos; presencia que convoca, mediante la pedagogía de la acción, para la educación de la fe y la vida cristiana, en el marco del diálogo con la cultura y su racionalidad crítica, con clara conciencia de envío y confiando en la gracia, sin rehuir el conocimiento de la realidad y la formación personal y la estudiada preparación de los proyectos y acciones.

Presencia de servicio mediante las tres funciones eclesiales.

Anuncio-proclamación de la Palabra, celebraciones litúrgicas y de espiritualidad, servicios fraternos y solidaridad. El ejercicio de estas funciones se realiza en conformidad con su específica vocación laical, distinta de la de los ministros ordenados. También el diálogo, imprescindible, el testimonio y el servicio, con la ayuda de la gracia y la manifestación de la verdad evangélica ha de hacerse sin avergonzarse de Cristo.

Para realizar esta misión, a nivel diocesano, es imprescindible una organización colegial, por la complejidad del campo universitario y la pluralidad de personas e instituciones eclesiales que en él trabajan. La Delegación habría de ser un equipo responsable con su correspondiente “consejo asesor” que pudiese elaborar el proyecto diocesano y los servicios necesarios, múltiples y complementarios con la participación más amplia posible. Esta presencia de personas y grupos diversos, movimientos y asociaciones apostólicas, reclama una plataforma de coordinación.

La Pastoral Universitaria debería crear un foro permanente del diálogo Fe-Cultura, con espíritu creativo en sus ofertas; en la vida de fe o espiritualidad, además de actividades comunes y periódicas, con la mayor frecuencia posible, y con la máxima dignidad en sus servicios de celebraciones litúrgicas, retiros, cursillos, convivencias, etc, habría que cultivar los tiempos litúrgicos, para que fuesen celebrativos y también una catequesis viva (adviento, cuaresma, pascua y pentecostés) o jornadas señaladas (domund, vocaciones, medios de comunicación social) en la vertiente de la caridad y la pastoral social, se encuentran los asuntos que afectan a la formación y al compromiso de la fraternidad, de la solidaridad, de la justicia y de la renovación del ámbito universitario y de la sociedad, sin olvidar la ayuda al Tercer Mundo.

También es fundamental la presencia de auténticos cristianos en el marco de la Pastoral Universitaria, sobre todo de agentes, cristianos laicos de fe madura y de compromiso apostólico sincero, decididos a actuar en la universidad. No vale el pretexto de las prácticas extramuros. En el campus universitario es donde hay que actuar decididamente. Son los laicos cristianos quienes hacen teológicamente presente a la Iglesia en ese ámbito.

La presencia de cristianos en la universidad ha de ser servicial, es un servicio que respeta la natural autonomía de las ciencias y de las realidades temporales, que valora positivamente y como un deber el progreso y la cultura y que está abierto en la colaboración con todos (en el diálogo científico, ecuménico y cultural) en aquello que pueda servir a los fines de la Universidad como comunidad educativa y creadora de cultura.

Para ello, la actitud del verdadero diálogo exigido por la ley de la encarnación es la cercanía de la búsqueda permanente de la empatía: “Para comprender a los otros, es necesario, en cierto modo ver el mundo con sus ojos, a la luz de sus propias preguntas, tal como han aparecido a lo largo de su historia” (J. Dupuis). Pablo VI decía que había que oír la voz del corazón, más allá de lo que expresan las mismas palabras.

Como recapitulación final son oportunas las palabras de Juan Pablo II en los discursos a los universitarios y a los hombres de la cultura en la Universidad Complutense de Madrid (1982) y las Benedicto  a los profesores universitarios en el Escorial, con motivo de la JMJ (2011).

Juan Pablo II decías: “La Iglesia y los católicos desean participar activamente en el diálogo común con sabios e investigadores. Numerosos católicos realizan ya una función eminente en los diferentes sectores del mundo universitario y de la investigación. Su fe y su cultura les proporcionan fuertes motivaciones para continuar su tarea científica, humanística o literaria. Son un testimonio elocuente de la validez de la fe católica y del interés de la Iglesia en todo lo que atañe a la cultura y a la ciencia. La Iglesia sigue con particular interés la vida del mundo universitario, porque es consciente de que en él se forman las generaciones que ocuparán los puestos clave en la sociedad del mañana”.

Y Benedicto XVI, hablando a los jóvenes profesores universitarios en el Escorial les decía: “Os animo encarecidamente a no perder nunca la ilusión por la verdad; a no olvidar que la enseñanza no es una escueta comunicación de contenidos, sino una formación de jóvenes a quienes habéis de comprender y querer, en quienes debéis suscitar esa sed de verdad que poseen en los profundo y ese afán de superación. Sed para ellos estímulo y fortaleza…No debemos atraer a los jóvenes hacía nosotros mismos sino encaminarlos hacía esa verdad que todos buscamos. A eso ayudará el Señor, que os propine ser sencillos y eficaces como la sal, o como la lámpara, que da luz sin hacer ruido (Mt 5, 13-15)”.

Los católicos no pueden olvidar su misión de levadura, como dice Jesús. Esto supone unos cauces propios de formación y de actuación, con  todo el peso escatológico de la esperanza cristiana en la acogida de la Palabra, oración, celebraciones, caridad y compromiso de vida.

OBJETIVO GENERAL

Buscar cauces en el ámbito universitario para entablar un diálogo Fe-Cultura, Fe-Razón y para hacer presente a la Iglesia en el mundo de la Universidad como una exigencia de la Fe mediante  la creación de foros de encuentro y la presentación, en dichos foros de temas relacionados con la fe y la cultura,  con la fe y la razón, mediante una compañía y animación espiritual, mediante servicios litúrgico-sacramentales y de oración, estudio de la Palabra de Dios, etc.

Todo ello para que el encuentro con Cristo suceda una y otra vez entre los universitarios y estos se expresen como cristianos en la universidad y que su fe en Cristo sea criterio de actuación en todo.

OBJETIVOS CONCRETOS y PROPUESTA DE ACTIVIDADES

2.1.- Difundir en los Campus de la Merced y de Espinardo la presencia del equipo de pastoral Universitaria con todos los medios y formas que nos sea posible.

Hacernos presentes en las convocatorias generales y lugares comunes-

– Aención directa a aquellos universitarios que lo manifiesten

2.2.- Crear Foro de diálogo FE-Cultura y contactar personalmente con aquellos profesores interesados en la presencia cristiana en la Universidad y dispuestos a participar en dichos foros.

– Establecer una propuesta de temas que pudiesen ser interesantes tratar en dichos foros.

– Establecer hora y lugar para la celebración de dichos Foros tanto en Cartagena como en Murcia.

– Hacer posible que periódicamente, a establecer, el Sr. Obispo se encontrase con los Docentes universitarios católicos., amén del día de Santo Tomás.

2.3.- Crear, para los alumnos universitarios grupos de reflexión y diálogo en torno a temas propuestos por ellos o por la Delegación.

Reflexión sobre la FE con  el YUCAT.

Reflexión en torno al libro “TEOLOGíA PARA UNIVERSITARIOS.”

Temas de su interés propuestos por ellos mismos.

Posibilidad de realizar cursos de libre configuración, como los que ya se hacen en Cartagena, en las distintas facultades de la Universidad de Murcia. Para ello, contactar con algún Departamento que estuviese interesado en el proyecto.

Darles a conocer los distintos medios para poder realizar una tarea social y solidaria.

2.4.- Ofrecer a los jóvenes universitarios la posibilidad de culminar su iniciación cristiana:

– Dando a conocer el modo de realizarla.

– Ofreciendo los medios necesarios para completar dicha iniciación.

2.5.- Establecer y difundir la Misa para Universitarios en la Capilla de la Facultad de Educación y, si fuese posible, en la Iglesia de la Merced.

Difundirlas en la Facultades y por medio de las Nuevas Tecnologías (Twiter y Facebook).

Darlas a conocer también por COPE y POPULAR TELEVISIÓN.

2.6.- Promover y establecer, en coordinación con la Delegación de Pastoral Juvenil y vocacional grupos de estudiantes cristianos en la Universidad y tratar de conocer las realidades que ahora mismo existen: JEC; JUC; Neocatecumenales; Carismáticos, Comunidades Cristianas de Base, ACIT, etc.

  Volver a poner en marcha la asociación juvenil universitaria San Isidoro.

    Dar a conocer las actividades, relacionadas con los objetivos de la Pastoral que nos lleguen de grupos y familias religiosas

2.7.- Constituir un equipo, en la Delegación de Pastoral Universitaria, de acuerdo con las necesidades de dicha pastoral.

Invitar a algún sacerdote interesado en dicha pastoral y con el visto bueno del Sr. Obispo.

Invitar a laicos sensibles con las Pastoral Universitaria.

Delimitar las distintas responsabilidades de cada uno de los miembros del Equipo.

2.8.- Ofrecer una atención pastoral estable y personalizada, estableciendo y dando a conocer un lugar y un horario para tal atención.

Disponer de un lugar, a ser posible dentro del Campus o en una parroquia cercana, para desarrollar las actividades propias de la Pastoral Universitaria.

  • En  Cartagena: parroquia de san Diego.
  • En Murcia: parroquia de la Merced (Padres franciscanos)
  • En Espinardo: Facultad de Educación (Departamento de Religión).
  • Centro Social Universitario.

Dar a conocer el horario de atención tanto a alumnos como a profesores o personal no docente:

  • Cartagena: san Diego.
  • Murcia: La Merced (Despacho de pastoral Universitaria): Lunes, miércoles y viernes de 11 a 13 horas; Miércoles, de 19 a 21.
  • Espinardo: Departamento de Religión o Centro Social Universitario: Martes y Jueves de 11.30 a 13:30.

2.9.- Fomentar y coordinar:

Las celebraciones “oficiales” en los distintos ámbitos universitarios.

Otras celebraciones “no oficiales”: celebraciones eucarísticas periódicas (mensual, dominical…), otras celebraciones o actos tradicionales (Celebración de la Navidad, Miércoles de Ceniza, Celebración de la Pascua Universitaria, etc); Noches de oración; Retiros universitarios tanto para profesores como para alumnos.

Actividades propias: En los Campus. Cursillos, debates, publicaciones, etc;  en otros ámbitos (Residencias y Colegios Mayores): Visitar las residencias confesionales y crear una coordinadora de dichas residencias; atención a las residencias no confesionales (información, ofrecerse para loas celebraciones significativas, establecer personas de enlace).

Contacto con grupos de universitarios ya existentes: ACIT, Neocatecumenales, OPUS, Carismáticos, Grupos de Base, Otros, etc.

3.- Fomentar las Jornadas de Pastoral Universitaria en torno a algún tema de interés General para todos. A realizar una vez al año.

4.- Estudiar la posibilidad de hacer una página web para acercar el trabajo de la Delegación y de las distintas sedes al ámbito universitario y diocesano. Así mismo, intentar aprovechar al máximo las Nuevas Tecnologías.

5.- Crear la Coordinadora de tiempo libre con el fin de fomentar la convivencia entre todos los integrantes del ámbito Universitario.

Realización de actividades dentro o fuera del ámbito académico para fomentar al convivencia entre todos los integrantes del mundo de la Universidad: excursiones, actividades deportivas, música, etc.

6.- Para hacer posible este proyecto habría que crear distintas Comisiones que trabajasen en los posibles campos de acción. Estas podrían ser:

  • Comisión Diálogo FE-Cultura.
  • Comisión de Formación y Sacramentos.
  • Comisión de Nuevas Tecnologías.
  • Comisión Culto y Liturgia.
  • Comisión de evangelización y Misión.
  • Comisión de Actividades Culturales y Tiempo Libre.
  • Comisión de Relaciones con la Institución Universitaria.
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