POR Y PARA TI

El espacio del diálogo

El ser humano nace con un deseo irremediable de encontrar la verdad, y creemos que el diálogo es la manera en que se manifiesta, sobrecogiendo y encendiendo las luces y sombras que hay en nuestro interior. La Pastoral Universitaria es el espacio en el que compartimos la misma inquietud por encontrar la verdad y el diálogo la manera en que la podemos encontrar.

El espacio de la
creatividad

Las mejores ideas jamás llegaron por la razón y la planificación, sino por un momento de creatividad. Algunos creen que la inspiración es la llama divina, en la Pastoral Universitaria no creemos distinto, pensamos que el ser humano es más que la suma de sus partes y que su dimensión espiritual siempre encontrará nuevas formas de innovar.

A ello llamamos creatividad, a la acción con la que el Espíritu en mayúsculas inspira al espíritu humano.

El espacio del acompañamiento

Pensamos que la fe sin obras es una fe muerta. Es necesario el movimiento hacia fuera, la caridad, la misión. También es necesario acoger, escuchar y compartir el dolor del otro, es decir, acompañar en la verdad.

A diferencia de un acompañamiento superficial y sin sentido, en la Pastoral nos ponemos la meta de acompañar al interior de las heridas, a los lugares que nadie entra, a los miedos y pasiones desenfrenadas. Es un espacio de acompañamiento integral en el que deseamos conocer tu mundo interior y no a la manera del mundo, sino a la manera de Dios.

El lugar de la verdad y del amor

La Pastoral Universitaria es el lugar en el que los hijos pródigos pueden volver siempre que quieran, pues son aceptados y amados por la dignidad que Dios puso en ellos y no por los méritos académicos, los privilegios y los bienes con los que el mundo juzga.

En la Pastoral nos medimos por el amor que Dios ha dispuesto en todos sus hijos e hijas. Estamos en la búsqueda de la Verdad, no sin equivocarnos, con la esperanza de que la Verdad se nos revele, no por nuestros propios méritos, sino por el Amor de Dios.

Mons. J. Manuel Lorca Planes

Jóvenes, abrid los oídos y aprended a escuchar.

«Hay que dejar que la Palabra que escuchas baje al corazón, meditarla, vivirla y anunciarla, y que del corazón pase a las manos para compartirla y llevarla a los demás».

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