El pasado Lunes 15 de febrero nos reunimos para continuar la formación en el apartado de Teología del amor o Teología del cuerpo.

Comenzamos con las preguntas ¿Tiene sentido el matrimonio cristiano hoy en día? ¿Por qué unirse para siempre con alguien?

Dentro del contexto de una sociedad consumista, que perpetúa relaciones corporales sin ‘’sentido’’ y sin amor, para así, a través de una insatisfacción, dolor y vacío constantes en las personas obtener su fin (que sigan consumiendo), estas preguntas parece que no tienen cabida.

Sin embargo, cuando se habla de amar con el cuerpo, se trata de entregarse completamente a la persona amada, para ello distinguíamos dos conceptos:

El enamoramiento es un estado emocional y transitorio pero caduco. Recordamos que si en esta etapa acabamos por unirnos a la persona que nos genera dicha ‘’revolución química corporal’’ tan sólo será la imagen idealizada de esta y cuando descubrimos que no es la persona real, causa un profundo dolor

Por otro lado, el amor real, es un estado profundo del alma donde existirán: Un proyecto común, el Deseo de Exclusividad y un Deseo profundo de buscar el bien del otro.

Así pues, la sexualidad tiene como finalidad ser expresión de amor donde el placer será un regalo o consecuencia de dicha expresión y por supuesto, su finalidad es igualmente transmitir vida contribuyendo a la obra de Dios.

Todo ello, este amor profundo, está unión de cuerpo o sexualidad sólo podrán vivirse plenamente en el matrimonio cristiano dónde no hay culpabilidad, presiones ni desigualdades, tan sólo verdadero amor. Allí está Dios, donde juntos caminan hacia Él, quien es absoluto y por el que todo fue dado.

No debemos olvidar nunca que Dios es amor (Jn 4, 14) y en esa verdad sencilla, se halla toda respuesta.

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