top of page

Conversión

Foto del escritor: Luis Emilio Pascual MolinaLuis Emilio Pascual Molina

Domingo III de Cuaresma - Ciclo C


Se presentaron con una trágica noticia: Pilato había degollado a unos galileos mientras ofrecían sus sacrificios. ¿Cómo lo ha permitido Dios? Esperaban una palabra de Jesús, y… sorprende la respuesta: “¿Pensáis que eran más pecadores que los demás galileos…? No, y si no os convertís, todos pereceréis lo mismo”. No convertirse -dice Jesús- lleva a perecer. La liturgia de hoy nos trae una palabra clave: Conversión. Y por tres veces, y de modo diverso. Uno, “conversión liberadora”: Moisés, tras su encuentro con Dios en el monte Horeb, regresa a Egipto con la misión de liberar al pueblo de la esclavitud. Dos, “conversión de actitudes”: Pablo recomienda a los corintios vivir cristianamente. Y tres, “conversión para no morir”: Jesús invita a leer los signos de los tiempos, y a estar atentos para no perecer.


Moisés recibe la misión cuando se acerca a una zarza que ardía sin consumirse; ahí, en la presencia de Dios, descubre que el acercamiento a Dios acerca a los hermanos, que de la intimidad con Dios brota la capacidad liberadora del hombre y su amor. Pablo, desde su propia experiencia de conversión, expone que los acontecimientos del primer éxodo son signo de lo que ahora, y en cada hombre de cada tiempo histórico, sucede: las falsas seguridades llevan a la idolatría, y ahogan o difuminan el verdadero camino de la vida; la mejor actitud es la conversión, que consiste en un “cambio de actitudes”; convertirse es caminar con Cristo y participar en sus dones de salvación. Dos hechos de “crónica de sucesos” dan pie a Jesús para la reflexión y la invitación a la conversión; las desgracias narradas en el evangelio y las adversidades de hoy son signos de la precariedad del hombre sobre la tierra; así entendemos cómo Dios habla a través de los acontecimientos de la vida -no fuera de ella-, y nos exhorta a convertirnos. Dios pasa, intervine en la vida del hombre, porque éste vive la carencia, la limitación de su “ser criatura”. Pasar de una forma de vida a otra forma de vida, dejar de ser “higuera infecunda, estéril, y dar fruto abundante”, se llama conversión.


Abramos los ojos y leamos en nuestra historia de hoy: enfrentamientos en la vida política y social, guerras, violencia en los estadios deportivos, calles y hogares, inundaciones, vendavales destructores, fracasos matrimoniales, suicidios, esclavitudes, abortos... ¡Qué fácil es quedarse al margen y desde allí juzgar! ¡Que no, hermano, que no… que “no eres mejor que ellos”! ¡Que en tu corazón y en el mío anidan los mismos sentimientos e instintos, y que podíamos haber estado en su lugar! “He visto la opresión de mi pueblo. Voy a bajar a liberarlo”. Éste es Dios. El que hace Pascua -el que “pasa y actúa”- porque nos ama.


¡Que se alegren con esta Buena Noticia los que hoy lloran! ¡Que despierten los insensibles al dolor humano!, porque no están en sintonía con el Dios a quien a veces rezan. Sepamos leer los acontecimientos, y ¡convirtámonos para no perecer!

Comments

Rated 0 out of 5 stars.
No ratings yet

Add a rating

Recibe en tu correo todas las novedades de la Pastoral Universitaria

¡GRACIAS por formar parte!

+34 868 884 870

info@pastoraluniversitaria.es

Plaza Cardenal Belluga s/n

30001, MURCIA

  • Facebook
  • X
  • YouTube
  • Instagram
  • TikTok

© Pastoral Universitaria Diócesis de Cartagena 2024 | By MediaLinx.

bottom of page